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Parábolas de Vida • Capítulo 1 / 2 5 min de lectura

El Último Autobús y la Ventana que Nunca se Apagaba

Los vecinos se preguntan por qué doña Marta sigue encendiendo una vela tras el cristal mucho después de pasar vacío el último autobús.

Letra:

Cada noche, cuando la campana de la parroquia daba las nueve sobre el valle húmedo, doña Marta encendía un fósforo en su pequeño altar familiar. Primero rezaba una decena del Rosario con cuentas de olivo pulidas por cuarenta años de trabajo; luego colocaba una vela protegida en el alféizar de la ventana que daba al camino.

Habían pasado siete años desde que su hijo menor cerró de golpe el portón de madera herido por el orgullo juvenil y subió a un autobús nocturno rumbo a la capital. Al principio llegaron mensajes breves, después silencios largos y finalmente tres años sin noticias tras el fracaso económico que lo llenó de vergüenza.

Algunos vecinos bienintencionados le aconsejaban ahorrar la cera y descansar temprano. «Si quisiera volver, una llamada toma diez segundos», le decían con afecto. Marta solo sonreía, limpiaba el vaho de la lluvia en el vidrio y dejaba abierta la tranquilla del jardín hasta la medianoche.

Ella comprendía algo que solo las madres y el Evangelio de san Lucas conocen bien: la vergüenza vuelve altísimo el umbral del hogar. Si alguna noche su hijo bajaba en la oscuridad sin valor para llamar a la puerta, necesitaba ver desde lejos que alguien seguía velando por él.

✦ Palabra de Dios y Reflexión Nocturna
“El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”
— 1 Corintios 13,7
Para Meditar en Silencio: ¿Por quién en nuestra familia o entorno estamos llamados a mantener encendida una oración paciente y sin reproches?

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